Saqué la hoja de mi pantalón ya que me quité la falda y la tiré a la basura.
-"5. Monta una tienda de campaña en el departamento de camping y diles al resto de los compradores que sólo les invitas si traen almohadas del departamento de camas" —leí, riéndome.
-Bien, hay que ir a la sección de herramientas y senderismo —dijo Emmett, sonriendo.
Cuando llegamos, observamos todas las casas de campaña que había y elegimos la mas grande, que era para diez personas, tenía una sombra, mesa, y rueditas.
Tuvimos que apagar las luces de toda la tienda para poder armar la "casita" y yo fui por algunos colchones y cobijas del área de mantenimiento y hogar. Cuando terminamos, encendí una linterna y esperé a que las personas que gritaban se calmaran un poco y notaran nuestra gran idea improvisada.
-Emmett, ¿solo bajaste la palanca de fusibles? —le pregunté, porque estaba segura que ya casi habían pasado 10 minutos y todavía no habían encendido las luces.
-Ehhh… no exactamente. —Sacó un puño de cables de diferentes colores de su bolsillo trasero.
-¡Emmett!
-¡Qué! Yo hice lo que me dijiste, apagué las luces. Tú nunca me dijiste "Baja la palanca, Emmett hermoso".
-Sí, ya… lo que sea. Solo esperemos que la gente no se vaya y se arruine nuestra misión.
-He, he. —sonrió Emmett, con complicidad.— No creo que eso suceda,aly.
-Oh por Dios, ¿qué más hiciste?
-Nada —dijo, con inocencia.—Solo accidentalmente cerré la puerta por fuera. ¡Ups!
-¿Y ahora como vamos a salir nosotros? -estaba irritada. Emmett y sus grandes ideas nos iban a meter en un problema ENORME.
-Phhss, rompo una ventana. —Se encogió de hombros.
-De acuerdo. Lo pasado, pasado —murmuré.
Encendimos unas lámparas afuera de la casa de campaña y esperamos un poco a que las personas se empezaran a dar cuenta de nuestra idea tan genial.
Pasaron unos minutos y con nuestro súper oído escuchamos como empezaban a murmurar cosas sobre nosotros.
-Hay que ir hacia allá.
-Talvez nos dejen entrar.
-Wow, ya viste eso.
-Mira, el CD de Maroon 5, Hands all Over.
Emmett y yo nos sonreímos y nos metimos en nuestra casa, puse algo de música en mi iPhone y empezamos a bailar. Luego comenzamos una guerra de almohadas y había plumas volando por todas partes.
Unos segundos después escuchamos que sonó el timbre —que Emmett había instalado— y muchos latidos de corazones afuera de nuestra tienda de campaña.
Abrí el cierre un poco, solo para que uno de mis ojos pudiera observar a un chico ridículamente guapo para ser humano —aunque lo fuera—, y a otro montón de personas afuera, esperando a que abriéramos.
Sentí un golpe en mi cadera y que caía al piso cubierto de plumas, que se enredaron en mi cabello.
-Solo entran si traen almohadas del departamento de camas —dijo Emmett, muy serio.
Escuché como cientos de pasos se alejaban y luego volvían.
Emmett se colocó en la puerta, con una camisa negra súper pegada y unos lentes de sol oscuros parecido a los que se ponía papá cuando íbamos a la Isla Esme.
-Tú, estás en la lista. Tú no.
-Pero…
-¡Dije no!
-Tú, entra… ¿sabes qué? Mejor no, ya no me caes bien.
-Idiota.
Se escuchó un golpe sordo y un quejido.
-Okay, de todas maneras ni quería entrar.
Después de un rato la casa de campaña quedó atestada y apenas podía moverme. Otra bola de envidiosos se puso a armar unas alrededor, pero cuando terminaron, a luz volvió y los de mantenimientos se acercaron, furiosos.
-¿Quién es el culpable?
Emmett y yo nos miramos, luego notamos que la doña del bebé estaba cerca.
No lo pensamos dos veces.
-¡Ella! -exclamamos al unísono.
-¡Usted! ¡Levántese, tiene un camino hacia la comisaría!
Nosotros huimos.
Cuando llegamos a la otra punta de la tienda, apenas podíamos hablar por las carcajadas, una vez que nos calmamos, saqué la lista de mi pantalón y la leí, soltando risitas esporádicas.
-Mary Alice Cullen Vulturi —dijo una voz femenina por los altavoces—, sus padres la buscan en el departamento de Objetos Perdidos.
-Oh, Dios —susurré.
Volteé a ver a Emmett, que tenía los ojos igual que los míos, dilatados por el pánico.
-¡Corre! —gritamos.
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