Erase una vez, en una pequeña ciudad en la toscana de Italia, llamada Volterra…
Una noche cerrada, en el calabozo más oscuro de todo el castillo de los Vulturis, Aro y Alec preparaban su plan para dominar el mundo…
- ¡Wajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja…!- rio Aro meneando la carpeta de color negro con las palabras "top secret" escritas en rojo. Esa arma tan poderosa… la más poderosa:
- ¿Ya me puedo vestir Aro?- pregunto Alec incomodo intentando taparse como podía, ya que su musculoso, (y ahora depilado cuerpo), estaba solo cubierto por una prenda de ropa interior de Kalvin Klein de color oscuro:
- Claro… el álbum ya está listo… ñec… ñec… ñec…- Alec hizo caso omiso de su mueva risa malvada y se puso a vestirse rápidamente:
- Mañana lo pondré en la puerta de la peluquería, ven allí a las nueve… ¡Aaaaaah!, y ponte una ropa sexi, así será mejor para firmar autógrafos…-
Y Alec salió de allí rumbo a su habitación, pensando en que por fin mañana conseguiría su chica.
A la mañana siguiente, justo a las nueve menos cinco…
Aro sacaba una mesa portátil en frente de su tienda y hacía que Alec se sentara en una silla justo detrás de ella. Aro puso el calendario en la puerta pegado con esa pasta azul y se coloco al lado de él. Esperando a que la gente pasara, más bien las jovencitas cachonas esperando ver a un príncipe azul… más bien rojo esta vez.
Los primeros cinco minutos solo pasaron unas viejas que se pusieron a contemplar el calendario y mascullaron…oyoyoyoyoy. Las ancianas miraron a Alec, que después de ver sus ojos iguales que las de una gata en celo se encogió en su silla. Aro, al contemplar esto las echo como Moe el de los Simpson hecha a los borrachos de su bar.
Pero entonces empezaron a llegar las ciertas jovencitas, lo que provoco que Aro se pusiera muy contesto… WAJAJAJAJAJA…!!!
Todas se acercaron a la puerta y se pusieron a pasar las hojas del calendario… Enero… Febrero… Marzo… Abril… Mayo… Junio… Julio… Agosto…Septiembre… Octubre… Noviembre… Y Diciembre.
Instantáneamente, y como si de locas pervertidas se tratara, se giraron y corrieron hasta la mesa para ponerse en fila, mientras gritaban como gallinas frases de amor, frases de cariño, y frases para mayores de 18 años…
Alec estaba asustado pero a la vez conmovido por todas esas chicas que hacían cola para verle, y que desde luego estarían dispuestas a dejarle la parte más viril como una maldita almijarra. Pero claro, eso era obvio, Alec era inteligente, poderoso, elegante, y era extremadamente apuesto, el hombre más guapo del mundo, creía. Era más narcisista que Draco Malfoy en la tercera película.
Así que Alec, feliz por su éxito se puso a firmar autógrafos a todas las locas de allí. Y lo disfrutaba, pero quien mejor se lo pasaba era Aro, que vendía calendarios por do quiere, (calendarios que harían realidad las fantasías de muchas jóvenes que lo darían todo por fo… fo… forrar libros con Alec ). Pero entonces algo cambio, Alec se levanto lentamente dejando a las chicas de la cola anonadadas ante al movimiento inesperado de su "maravilloso" cuerpo. Pero Alec en ese momento le daba igual todo, ¿Sabéis por qué? Porque por fin había encontrado a la única chica que quería que le dejase la cosa como una almijarra para toda la vida.
Se acerco a la muchacha de pelo color caoba, que estaba mirando el calendario de la pared con el ceño fruncido y las mejillas pálidas teñidas de un suave color rojo. Alec no lo podía creer, y mucho menos la muchacha que al ver al chico modelos de la ropa interior a su lado se le comenzó a caer la babilla:
- ¿Cuántos son 2+2?- pregunto Alec de repente desesperado:
- Son 4…- respondió la chica rápidamente, extrañada:
- ¿Quién descubrió América?- cuestiono de nuevo:
- Pues Cristóbal Colon…- respondió la chica acertadamente de nuevo:
- ¿En qué año?- cuestiono Alec entrecerrando los ojos:
- En el 1492…- pero en ese momento ya no pudo responder mas:
Alec se la tiro encima y la abrazo levantándola por los aires, mientras canturreaba: "No es tonta, mi chica no es tonta" una y otra vez. Pero si algo llamaba más la atención que esa romántica escena en esa plaza era la cara de Aro, que cual hielo derretido y con tic incluido en el ojo, contemplaba como todas las muchachas se largaban de allí tirando los calendarios y las tarjetas de la peluquería, mientras mascullaban: "Si tiene novio ya no tiene gracia" "tíos buenos y depilados comprometidos hay en todas partes" "es gay, porque no se ha fijado en mi, que estoy más buena que esa…".
La pobre muchacha, (que por cierto se llamaba Lucy), estaba apretujada entre los brazos de Alec, sintiendo sus músculos pegados a ella, sin comprender por qué el chico de la ropa interior, depilado a más no poder la estrechaba ente sus brazos después de una especia de interrogatorio de historia y matemáticas. Pero le daba igual, ella era afortunada por ello… (Seguro que más de una siente envidia de Lucy ahora mismo, a que si? Jeje).
Y la cosa fue a más cuando Alec la morreo dejando su saliva por toda la cara de ella, y metiéndole la lengua hasta la garganta. Estampándola contra el muro, mientras Aro seguía mirando como el dominio del mundo mundial se le iba de las manos:
- ¿Te apetece ir dentro de la tienda, al baño privado?- pregunto Alec con un semi-gallo y con un calentón que no podía:
- Soy virgen…- susurro la chica sorprendida y asustada:
- Tranquila mi amor- respondió Alec con tono solemne,- eso tiene fácil solución…- dijo el moviendo las cejas seductoramente:
- Si… vamos dentro, quiero ver si tu cuerpo es así de verdad, quiero comprobar que no estás retocado con photoshop…- Alec sonrió y la llevo dentro:
Y el pobre Aro… que puedo decir del pobre Aro, que se quedo en medio de la calle. Aro Vulturi ya no podía caer más bajo. La peluquería había fracasado, y le gustara o no debía reconocer que su peinado no tendría éxito. No tenía clientas, su esposa le odiaba, Carlisle no le correspondía su amor, y Alec había convertido su baño privado en un picadero, (y no de caballos precisamente).
Y el pobre Aro se alejo de allí, vestido con una gabardina negra y al ambiente tornado de color película antigua, (no preguntéis de donde salieron, porque ni idea ), mientras desde la trastienda se escuchaban ya gritos de dos adolescentes…
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